Hipoacusia

  Según la Guía clínica de hipoacusia neurosensorial bilateral del prematuro (2005), el lenguaje es el medio por el cual se impulsa el pensamiento y junto con esto, la obtención del conocimiento humano. El lenguaje oral es una de las cualidades más importantes que poseemos, ya que nos permite la comunicación, lo que ha sido trascendental para el desarrollo de la sociedad y de las variadas culturas.

   Para la guía mencionada en el párrafo anterior, la adquisición del lenguaje, es fundamental para la audición, por lo tanto, un daño en esta vía, se ve estrechamente ligada a un impedimento en el pensamiento, lenguaje y habla. Las personas que padecen hipoacusia y no han tenido una implementación auditiva, se ven limitadas para obtener un íntegro desarrollo afectivo, social y cognitivo, todo esto debido a un reducido o nulo desarrollo del lenguaje oral.

   Primero que todo, para entender lo que es hipoacusia debemos conocer el proceso por el cual percibimos el sonido. Suárez, Suárez y Rosales (2008) describen el sonido como un proceso que se genera por partículas en movimiento con una determinada frecuencia, debido a los cambios de presión. Esto se conoce como onda sonora. Entonces, la audición en sí consiste en capturar la onda sonora, convertirla en un impulso eléctrico e interpretarla por una decodificación acorde. Esta onda sonora presenta dos características que se pueden analizar: su frecuencia fundamental o tono, grave o agudo, que se mide en Hertz o ciclos por segundos, y su intensidad, que a su vez se mide en decibeles.

   Para Suárez et al., la audición es un proceso complejo que consta de varias etapas. Parte por la conducción de la onda sonora a través del pabellón auricular y el conducto auditivo externo (CAE), hasta la membrana timpánica, donde al chocar produce una vibración de esta junto con los huesecillos del oído medio, para llegar luego al conducto auditivo interno. En este punto la cóclea presenta un líquido (endolinfa) que tiene una gran resistencia, por lo que se amplifica la vibración por el proceso anteriormente mencionado. Cuando esta vibración logra vencer la resistencia, la endolinfa comienza un movimiento que va a estimular, de acuerdo a la frecuencia de la onda sonora, al órgano de Corti, el que está capacitado para responder a este estímulo. Es en este momento, en el cual la energía mecánica se transforma en un impulso nervioso, que es conducido por el nervio coclear y lo que queda de la vía auditiva, hasta la corteza cerebral. Aquí se decodifica, identifica e interactúa con otras redes neurales del sistema nervioso central (SNC). Ahora bien, cuando se produce un daño o deficiencia en el funcionamiento de la anatomía y/o fisiología del sistema de conducción auditivo dará como resultado una pérdida parcial o total de la capacidad de percibir y discriminar los sonidos. Esto es lo que entendemos y se conoce como hipoacusia. 

   Según la Guía clínica de hipoacusia neurosensorial bilateral del prematuro, la hipoacusia se puede clasificar de acuerdo a la parte del oído afectada. Existen así, 3 tipos de hipoacusia: la de transmisión, en la cual la zona alterada es la encargada de la transmisión de la onda sonora observándose la causa en el oído externo o medio; neurosensorial o de percepción, cuya alteración está en el oído interno y/o en la vía auditiva central; y la mixta, siendo la naturaleza de la pérdida auditiva parcialmente neurosensorial y parcialmente conductiva.

   El texto citado anteriormente considera también como clasificación el período de adquisición. Ellas son: las hipoacusias prenatales, que pueden deberse a alguna enfermedad de la madre durante el embarazo, como por ejemplo la rubéola materna, varicela, alcoholismo, etc.; las neonatales, que se producen por un traumatismo durante el parto como por ejemplo anoxia neonatal (falta de oxígeno), prematuridad e ictericia; y finalmente las postnatales, que pueden deberse a una otitis, ototoxicidad por drogas, meningitis y encefalitis, tumores, etc. La Guía clínica también clasifica la hipoacusia según el momento de aparición en relación al lenguaje, estas pueden ser del tipo prelocutiva si se adquiere antes de la aparición del lenguaje y del tipo postlocutivas si se adquiere después de que este se haya desarrollado. Otro criterio de clasificación es según la causa genética. Dentro de este grupo se encuentran las recesivas y dominantes; en las primeras los padres son portadores de la enfermedad pero no son hipoacúsicos, y en la segunda clasificación, uno de los padres es portador del gen afecto además de presentar la enfermedad. A su vez Vallejo Valdezate (2003), las subdivide en precoces (donde la hipoacusia se presenta en el mismo momento del nacimiento) o tardías (cuando se desarrollan a lo largo de la vida). En su comienzo se pueden presentar por un lado en formas puras (no sindrómicas o aisladas), donde se observa solo hipoacusia, y por otro lado de forma asociada (sindrómicas), donde las hipoacusias se suman a diversas anomalías.

   Según Suarez et al., la hipoacusia puede ser clasificada como: leve, con umbrales que van entre los 21 y 40 db; moderada, si estos umbrales van entre los 41 y 60 db; moderada-severa se ubica entre los rangos de 61 a 80 db; severa bordeando 81 y 100 db; y será profunda si los umbrales son mayores a los 100 db, tomando como referencia una audición normal que va entre los 0 y 20 db.

   Manuel Tomás y Jenaro Benavente (2004) exponen los métodos de diagnósticos universales neonatales, dentro de los más utilizados se encuentran dos evaluaciones: el OEA (otoemisiones acústicas) y la PEAT (potenciales evocados auditivos). Por un lado las otoemisiones acústicas evalúan la función de la cóclea, pero no puede detectar problemas de audición que se produzcan por el conducto auditivo externo, por lo cual este método de diagnóstico ha tenido dificultades y por otro lado, los potenciales evocados auditivos obtienen los umbrales auditivos del paciente. Es una prueba más fiable, sin embargo es más afanosa y costosa que la anterior.

   A pesar de los tiempos en los que vivimos, en los que la tecnología ha avanzado considerablemente, la detección de la hipoacusia sigue siendo bastante compleja. Dicha discapacidad no se detecta a simple vista como otras, ya que por ejemplo niños con problemas auditivos pueden responder de igual forma a otros estímulos como movimientos, ruidos de alta intensidad, vibraciones, luces, etc., dando una falsa sensación de estar escuchando. Todo esto dificulta aún más la detección cuando el grado de deficiencia es moderado. Siguiendo la línea de lo anteriormente dicho, se han presentado bastantes casos donde el diagnóstico ha sido erróneo, por ejemplo: niños que han sido detectados con autismo debido a su comportamiento y aislamiento y finalmente el correcto diagnóstico corresponde a una hipoacusia.

   Esta situación complica aún más el hecho de presentar hipoacusia, ya que es de suma importancia su detección temprana y acertada. Si bien existen Test de  diagnóstico temprano, mencionados anteriormente (PEAT y OEA), estos no se comparan con el rol que pueda llegar a cumplir la familia en este ámbito, ya que es esta la que puede dar el primer paso, debido al contacto diario y cercano que se mantiene.

Actualmente, en nuestro país, el promedio de edad en el cual se hace en  el cual se hace el diagnóstico sin contar con programas de detección precoz es alrededor de los 3 años. Es precisamente hasta los dos o tres años el "periodo crítico” cuando existe en el ser humano la mayor plasticidad neuronal y con ello se establecen las bases del desarrollo del lenguaje y de la comunicación. De ahí que sea absolutamente indispensable actuar para que el niño adquiera la mayor cantidad posible de estructuras comunicativas y lingüísticas durante el periodo en que se encuentra sicológica y biológicamente, mejor preparado para ello. (Guía clínica hipoacusia neurosensorial, p.6).

   Si lo padres no toman conciencia de esta realidad y aceptan la responsabilidad de estar alerta tempranamente ante manifestaciones de  la posible presencia de hipoacusia, el tratamiento precoz para mejorar la calidad de vida de su hijo comenzará tardíamente, desperdiciando así tiempo valioso.

 

 

Ministerio de salud. (2005) Guía clínica hipoacusia

                                       neurosensorial bilateral del prematuro. Chile.

Suárez, A. Suárez, H. Rosales, B. (2008). Hipoacusia en niños.

              Archivos de pediatría del Uruguay 79 (4): 315-319.                   

              Recuperado de http://www.sup.org.uy/Archivos/Adp79-4/pdf/adp79-4_8.pdf

 

Vallejo Valdezate, L. A. (2003) Hipoacusia neurosensorial. Formacion 

                                 continuada de la sociedad de española 

                                 otorrinolaringología y Patología Cérvico-facial.

                                 Barcelona: Masson.

Tomás, M. Benavente, J. (2004). Detección de hipoacuasias en niños.

                Anales de pediatría continuada, II, 56-58.

 

INTEGRANTES:

Paula Curihual

Carolina Martínez

Nicole Maurens

Francisca Olivares

Constanza Olivares

Iris Rojas

Vania Vergara

Camila Vélez

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Comentarios

A medida que la civilización se moderniza las fuentes de ruido ya no sólo se concentran en los lugares de trabajo, sino que también en los hogares, escuelas, espacios recreativos, transporte público, entre otros. Esto se traduce en un aumento de personas que padecen hipoacusia, ya que en la actualidad un tercio de la población mundial sufre algún grado de hipoacusia causada por la exposición a ruidos de alta intensidad (López, Fajardo, Chavolla, Mondragón y Robles, 2000).

 

Se define ruido como un “(…) sonido desagradable y molesto, con niveles excesivamente altos que son potencialmente nocivos para la audición”. (López et. al. p. 41). La función auditiva se ve deteriorada cuando el ruido afecta al oído interno, que corresponde al sitio primario de lesión. Esta lesión puede ser parcial o total, es decir, se mueve desde la degeneración de los estereocilios del órgano de Corti hasta su destrucción total.  

 

Según López et. al., la pérdida auditiva por exposición a ruido puede ocurrir de dos formas: una exposición abrupta y de corta duración a un ruido de muy alta intensidad, que provocará un trauma acústico (pérdida auditiva que en general es dolorosa e inmediata). Por otro lado,  si existe una exposición prolongada a través del tiempo a un ruido de menor intensidad (que sin embargo se considere peligroso para la salud auditiva), resultará en una hipoacusia neurosensorial, la cual además puede afectar al oído medio.

 

Aunque los avances tecnológicos en cuanto a la medición y protección contra el ruido ambiental son muchos, es la misma tecnología la que juega en contra al momento de evitar la aparición de la hipoacusia. Cada día crecen las posibilidades de prevenir y tratar esta afección y sin embargo es muy difícil regular factores como el ruido ambiental. Tampoco se puede fiscalizar el que cada día haya más personas que usan, de manera irresponsable, reproductores de música y que además se exponen a ruidos de muy alta intensidad sin protección (como es el caso de conciertos y fiestas). Esto, sumado al hecho de que la pérdida auditiva es un proceso a largo plazo y un problema más bien abstracto (puesto que no es una enfermedad cuyas consecuencias sean perceptibles de forma inmediata), hace pensar que es importante crear conciencia sobre las consecuencias nocivas que trae la contaminación acústica. Deben existir campañas, respaldadas por los Gobiernos, que permitan a los profesionales del área mostrarle a la gente que es responsabilidad de ellos cuidar su salud auditiva, evitando la exposición prolongada a ruidos. También es importante que se regule legalmente, y de manera efectiva, el nivel de ruido aceptable para cada situación mencionada y para todas aquellas en que exista el riesgo de generar un daño auditivo.

 

 

Bibliografía:

 

López, A.C., Fajardo, G.E., Chavolla, R., Mondragón, A. & Robles, M.I. (2000). Hipoacusia por ruido: Un problema de salud y de conciencia pública. Revista de la Facultad de Medicina  de la Universidad Nacional de México.  Vol. 43, No. 43; 41-42.

Recuperado dehttp://www.medigraphic.com/espanol/e-htms/e-facmed/e-un2000/e-un00-2/em-un002b.htm

 

Integrantes:

Paola Berríos C.

Mª Teresa Bertucci M.

Fernanda Catalán E.

Camila Henríquez L.

Paula Jaramillo A.

 

 

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Integrantes:

Nicole Almarza

Consuelo Campos

Bárbara Carvajal

Bárbara Navarrete

Daniela Vásquez

Natalia Ursic

Francisco Zamorano

 

En relación a este paper aportaremos información complementaria sobre las causas que hacen propenso a un bebé padecer este trastorno auditivo.

Según el artículo publicado por la Fundación Integrar (2009): “aproximadamente de 2 a 3 bebés por cada 1000 nacidos vivos tendrán algún grado de hipoacusia o sordera parcial al nacer”, o que pueden adquirir con el tiempo.

La pérdida de audición puede ocurrir en un sólo oído o ambos, y este daño puede ser de distintas intensidades, llegando a denominarse sordera, cuando alcanza la mayor intensidad.

En este trastorno existen factores de riesgo comunes a los diferentes tipos de hipoacusia, que pueden mantener el grado de esta o aumentarlo, siendo algunos:


* Antecedentes familiares de pérdida de audición.


* Infecciones con algunos virus y bacterias.


* Bajo peso al nacer.

 

* Problemas con la estructura cráneo-facial.

 

 Según la clasificación hecha por la Fundación Integrar, existen 4 tipos de hipoacusia:

 

* Hipoacusia conductiva.


* Hipoacusia neurosensorial.


* Hipoacusia mixta.

 

Además de las clasificaciones que se encuentran en el paper de Hipoacusia, según el artículo publicado por la Fundación Integrar, existe otro tipo de Hipoacusia, denominada Hipoacusia central, que se produce por el daño del nervio auditivo o de las rutas asociadas a este, sin embargo, no es muy frecuente en bebés.

 

Fundación Integrar (2009). Hipoacusia en bebés. Recuperado 10 noviembre 2009 de http://fundacionintegrar.blogspot.com/2009/09/hipoacusia-en-bebes.html

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Hipoacusia

 

Integrantes: Vania Leal

                         Nicole Meneses

                         Paola Ordoñez

                         Jennipher Soto

                         Evelyn Valencia

                         Mariela Vidal

 

La hipoacusia se define como la pérdida parcial o total de la sensibilidad auditiva. Dependiendo de su grado y tipo de hipoacusia, esta puede tener diversas repercusiones en la vida de las personas, ya que el lenguaje está basado en la percepción auditiva, que es un elemento imprescindible para tener un buen desarrollo psicolingüístico. Por consecuente, la hipoacusia, en mayor o menor grado, afecta el ámbito comunicacional, cognitivo, del lenguaje y aprendizaje (Marchesi, 1991; Dorland, 2005).

 

Son estos últimos dos aspectos en los que se pone mayor énfasis en niños con sordera, identificándose principalmente dos tipos de hipoacusia con diferentes consecuencias. La hipoacusia conductiva, en la que los trastornos auditivos se encuentran localizados en el oído externo o medio y cuyos efectos no son de suma gravedad, en la medida que sean detectados a tiempo, porque pueden ser tratados por medio de operaciones quirúrgicas. Otro tipo de hipoacusia, es la hipoacusia neurosensorial, que puede ser congénita (factores hereditarios) o adquirida que se puede deber a la exposición a diversos factores como tumor acústico, lesión craneal, infección, entre otros. La hipoacusia neurosensorial existe cuando el mecanismo de conducción del sonido (oído externo y medio) es normal en todos los aspectos, pero hay un trastorno en la cóclea o en el nervio auditivo. Este tipo de hipoacusia es de carácter más grave que la anterior, pues sus efectos pueden prolongarse a lo largo de toda la vida, los daños son de mayor magnitud y es muy difícil llegar a una mejoría rápida y satisfactoria (Marchesi, 1991; Bradley, 2005).

 

Otro aspecto importante a evaluar en las hipoacusias en infantes, en complemento a lo anteriormente mencionado, es la edad en la que se presenta la sordera. Debido a que los niños que presenten sordera después de los tres años, pueden mantener el lenguaje adquirido durante los años previos, aún cuando su percepción auditiva se encuentre débil. Aspecto en el cual se debe trabajar para que logren conseguir un sistema lingüístico organizado, que podría ser el lenguaje oral, sí se logra mantener y enriquecer a partir de sus conocimientos previos. En contraste, los niños que presenten hipoacusia dentro de sus dos primeros años de vida, verán reducida o bloqueada su competencia lingüística al no haber podido almacenar experiencia con los sonidos. De esta forma se verán enfrentados a un lenguaje totalmente nuevo para ellos, en el que no tendrán nociones previas (Marchesi, 1991).

 

Uno de los trastornos que se detecta más temprano es la sordomudez, el cual se descubre antes de los tres años. Respecto a la hipoacusia, sólo el 29% de los niños que la presentan son detectados por las madres a los 3 años, sin sospechar de que se tiene hipoacusia, se le consulta al fonoaudiólogo por un posible trastorno del habla (Perelló, 1995).

 

Algunas de las causas en que se adquieren las hipoacusias son la rinofaringitis, infecciones, otitis media, sordera súbita. Son prácticamente las mismas que originan la sordomudez, van desde sordera hereditaria hasta un catarro tubárico (Perelló, 1995).

 

En la rinofaringitis, la existencia de adenoides, junto con una defectuosa respiración nasal, producen hipoacusia. La secreción de mucosidad produce otitis, que puede ser crónica o aguda, serosa o supurada. Tras curarse la otitis, puede quedar un agujero en la membrana timpánica, la que puede acarrear infecciones, acompañadas de mucho dolor. En cuanto a las infecciones que podrían causar una hipoacusia están la parotiditis que produce sordera unilateral, la rubeóla, la gripe y el sarampión (Perelló, 1995).

 

La sordera súbita, es poco frecuente, viene acompañada de molestias en la hemicara del mismo lado y sensación de inestabilidad. Se piensa que la causa es por enfriamiento, reumatismo o alergia con manifestación vascular (Perelló, 1995).

 

El habla de los niños que padecen de hipoacusia, se caracteriza por la supremacía de armónicos graves en el espectro de las vocales y reducción de la melodía de la palabra, también se nota una lentitud en el niño hipoacúsico al hablar, pero las variaciones de intensidad no se ven afectadas (Perelló, 1995).

 

La hipoacusia infantil, sobre todo en edad escolar trae como consecuencia una débil adaptación a su medio. Se producen cambios en la conducta y carácter del niño, como son el aislamiento en clases, introversión, pereza, desconfianza y hostilidad hacia los otros pares; pierde interés por los estudios y adopta una conducta rebelde (Perelló, 1995).

 

Referencias Bibliográficas

 

Marchesi, A. (1991). El desarrollo cognitivo y lingüístico de

                        los niños sordos. Madrid: Alianza Psicología.

Perelló, J. (1995). Trastornos del habla. 5ª edición. Barcelona:

                        Masson.

Dorland, B. (2005). Dorland diccionario enciclopédico ilustrado

                        de medicina. 30ª edición. Madrid: Elsevier.

 

Bradley, G. (2005). Neurología clínica. Madrid: Harcourt Brace.

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